“Me visto de torero para conquistar corazones”
Tras cuatro años de ausencia, regresa a Medellín lleno de ilusión por el reencuentro con este público que podrá descubrir un torero maduro y dispuesto a torear desde el alma.
Desde que confirmaron su presencia en Medellín esta temporada, su preparación ha estado acompañada de la emoción por este regreso. Es una tarde especial para él pues confía en que puede dejar sensaciones importantes en La Macarena.
Al hablar de su ausencia por tantos años, siendo uno de los que más torea no sólo en la provincia sino en los países vecinos, dice que hay que saber aguantar pero reconoce sus errores. “En la vida es importante saber soportar las injusticias, las justicias y sobre todo reconocer que uno, por su inexperiencia, porque es un ser humano, puede tomar malas decisiones. Es normal que las empresas se molesten por cosas en las que uno no estuvo de acuerdo”.
Son ya catorce años de alternativa que le han permitido crecer no sólo en lo profesional, aunque su evolución como torero no deja de estar separada de la de la persona. “Antes me preocupaba más por lo que dirían de mí. Por la obligación de cortar las orejas y esa presión no dejaba fluir lo que llevo dentro. La madurez me permite saber que el aficionado paga para ver a un artista quien debe de realizar lo que le nace y lo que le sale del corazón. Si llegan las orejas serán el premio a una obra de arte pero no me visto de torero para cortarlas. Me visto de torero para conquistar corazones”.
Le ha alegrado ver tanta gente en las plazas esta temporada, sin embargo considera que deberíamos respaldar un poco más a los nuestros y que cada aficionado debería encargarse de invitar a sus amigos y de promocionar la fiesta entre los que conoce.
Hablamos sobre la sensibilidad del aficionado y lo particulares que son algunos que consideran saber más que el torero. “Uno siempre tiene que respetar al que paga. A veces las cosas salen bien y otras no pero hay que saber exigir y ver el toro. La aceptación del público es muy importante para que el torero se pueda expresar, pues para un pintor sería muy difícil estar dibujando un cuadro y que alguien le esté diciendo que está mal pintado, que se ve mal, que borre ese trazo que no te gustó”.
Hablamos del maestro Juan Mora a quien admira no sólo como torero y de quien dice que derrama arte en cada movimiento y en cada palabra. Insistimos en plantearle que por más que queramos ver al torero como un extraterrestre, no es más que un ser humano. “Si pero al aficionado no le interesa eso. Muchas veces nos vestimos de toreros acompañados de muchos problemas pero al quitarnos la ropa se tienen que ir con ella y el traje se convierte en una coraza. La gente no paga para ir a ver al ser humano”.
Está feliz por volver a Medellín y reconoce que fue triste haber faltado durante tantos años. Está tan ilusionado con su regreso que Diana, su esposa, y la pequeña Isabella, su hija, vendrán desde Cali a acompañarlo. “Me dolía cada vez que veía que mi nombre no estaba en los carteles de Medellín porque es una plaza a la que le tengo mucho cariño y en la que he tenido triunfos importantes. En este momento de mi vida en el que todo está muy bien, siento que mi regreso se dio en el momento adecuado”.
Tiene esta fecha presente desde que lo anunciaron. Lleva dos semanas internado en el campo y sólo espera que le embista un toro para que las cosas fluyan pues dice que “es muy fácil hablar pero convencer es muy duro”.
Tras cuatro años de ausencia, regresa a Medellín lleno de ilusión por el reencuentro con este público que podrá descubrir un torero maduro y dispuesto a torear desde el alma.
Desde que confirmaron su presencia en Medellín esta temporada, su preparación ha estado acompañada de la emoción por este regreso. Es una tarde especial para él pues confía en que puede dejar sensaciones importantes en La Macarena.
Al hablar de su ausencia por tantos años, siendo uno de los que más torea no sólo en la provincia sino en los países vecinos, dice que hay que saber aguantar pero reconoce sus errores. “En la vida es importante saber soportar las injusticias, las justicias y sobre todo reconocer que uno, por su inexperiencia, porque es un ser humano, puede tomar malas decisiones. Es normal que las empresas se molesten por cosas en las que uno no estuvo de acuerdo”.
Son ya catorce años de alternativa que le han permitido crecer no sólo en lo profesional, aunque su evolución como torero no deja de estar separada de la de la persona. “Antes me preocupaba más por lo que dirían de mí. Por la obligación de cortar las orejas y esa presión no dejaba fluir lo que llevo dentro. La madurez me permite saber que el aficionado paga para ver a un artista quien debe de realizar lo que le nace y lo que le sale del corazón. Si llegan las orejas serán el premio a una obra de arte pero no me visto de torero para cortarlas. Me visto de torero para conquistar corazones”.
Le ha alegrado ver tanta gente en las plazas esta temporada, sin embargo considera que deberíamos respaldar un poco más a los nuestros y que cada aficionado debería encargarse de invitar a sus amigos y de promocionar la fiesta entre los que conoce.
Hablamos sobre la sensibilidad del aficionado y lo particulares que son algunos que consideran saber más que el torero. “Uno siempre tiene que respetar al que paga. A veces las cosas salen bien y otras no pero hay que saber exigir y ver el toro. La aceptación del público es muy importante para que el torero se pueda expresar, pues para un pintor sería muy difícil estar dibujando un cuadro y que alguien le esté diciendo que está mal pintado, que se ve mal, que borre ese trazo que no te gustó”.
Hablamos del maestro Juan Mora a quien admira no sólo como torero y de quien dice que derrama arte en cada movimiento y en cada palabra. Insistimos en plantearle que por más que queramos ver al torero como un extraterrestre, no es más que un ser humano. “Si pero al aficionado no le interesa eso. Muchas veces nos vestimos de toreros acompañados de muchos problemas pero al quitarnos la ropa se tienen que ir con ella y el traje se convierte en una coraza. La gente no paga para ir a ver al ser humano”.
Está feliz por volver a Medellín y reconoce que fue triste haber faltado durante tantos años. Está tan ilusionado con su regreso que Diana, su esposa, y la pequeña Isabella, su hija, vendrán desde Cali a acompañarlo. “Me dolía cada vez que veía que mi nombre no estaba en los carteles de Medellín porque es una plaza a la que le tengo mucho cariño y en la que he tenido triunfos importantes. En este momento de mi vida en el que todo está muy bien, siento que mi regreso se dio en el momento adecuado”.
Tiene esta fecha presente desde que lo anunciaron. Lleva dos semanas internado en el campo y sólo espera que le embista un toro para que las cosas fluyan pues dice que “es muy fácil hablar pero convencer es muy duro”.
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