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Entrevista Iván Fandiño 2014

“Lo que añoro es la inocencia”

Hablar con Iván Fandiño siempre es un privilegio. No hay palabras que sobren ni instantes desperdiciados. Nos encontramos en su hotel y elegimos un espacio en el que sabíamos que se sentiría cómodo. Teniéndolo en sus terrenos, rodeado de árboles, la conversación fluyó con facilidad.


Dice que Medellín es una de sus ciudades favoritas a este lado del mundo y que la gente lo arropa de una manera increíble. Sin embargo, el saber que esta temporada será la ratificación de lo que ha venido construyendo lleva a pensar que posiblemente dejemos de verlo por aquí. "Siempre he creído que cuanto más grande es el torero, más humilde tiene que ser la persona y cuando se mantiene eso, por mucho que lleguen los momentos o que penséis que no pueda volver, creo que es al revés. Medellín es una de las principales ferias de Latinoamérica y la tenemos resaltada en nuestro calendario porque, aparte de lo bien que me siento aquí, es una cita indispensable cuando se piensa en hacer una temporada americana".
A lo largo de su carrera ha dejado claro que hay valores que nunca abandonará y ha defendido las cosas en las que cree, escuchando su corazón. “A lo mejor me equivocaré en muchas cosas pero lo que si tengo claro es que cada vez que me voy a la cama tengo la conciencia tranquila".
Con Néstor García, su apoderado, tiene una relación en la que podría encontrase la definición perfecta de amistad. No hay papeles firmados ni acuerdos en notarías. La palabra y la confianza mutua son los pilares de su contrato. "Nos compenetramos y nos suplementamos en muchas cosas. Tenemos plena confianza el uno en el otro. Prácticamente mis preocupaciones son cero fuera de la plaza y eso hace que mi vida sea tranquila. Es una vida en la que nada más debo preocuparme de mi carrera y al final eso se lo debo a todo lo positivo que él ha aportado tanto a mi vida como a mi profesión".

El Niño de la Antigua
Cuando empezó como novillero le llamaban El Niño de la Antigua, nombre que surgió por casualidad y que pronto quedó atrás porque considera que los seudónimos enmascaran cosas así que la mejor manera de mostrar su verdad es llevar su nombre.
Del Niño de la Antigua dice que queda Iván Fandiño, pues ha cambiado poco su manera de ser. Mantiene las mismas aficiones, no encuentra el sentido de la vida en lo material y se conforma con poco. Prefiere los espacios tranquilos y estar con poca gente. Le da pereza mirar hacia atrás por las cosas duras que ha vivido aunque reconoce que por su manera de ser, seguramente repetiría todo. "Lo que más añoro es la inocencia. La inocencia con la que jugaba a ser torero. Con la que empezaba a tener esos sueños, a lo mejor alocados, que sólo yo creía que podía alcanzar. Tal vez ni la persona más cercana a mí pensaba que podría lograrlos. Incluso muchas veces creí que eran cosas del surrealismo que estaba pasando por mi mente pero que la realidad era para unos privilegiados, para personas que están tocadas con la varita. Al final te das cuenta que con esfuerzo y sacrificio se pueden lograr los sueños. Cada vez que miro atrás me invade la añoranza pero porque veo el camino recorrido, veo todo lo que se pasa, los sin sabores, las alegrías… porque las alegrías en muchas ocasiones son amargas. Cuando las cosas te vienen en positivo y eres consciente de lo que llega con esto, sabes que es difícil superarlo”.
Después de escuchar esa respuesta llena de verdad, cuesta mantener el temple y dudamos si fue una buena elección permitirle la comodidad de sus terrenos. No hay otra opción distinta a continuar así que hablamos de su faena el pasado 22 de mayo en Las Ventas. Aquella en la que después de haber dejado el alma en el ruedo, pareció olvidarse de su vida al entrar a matar. Una faena, una oreja, una cornada y los trofeos de San Isidro para el de Orduña. “En tu vida personal con un trozo de pan tienes para pasar pero tu vida profesional, tu orgullo, tu ego, tu torero interior quieren sobreponerse a todas las adversidades y no importa nada. No hay circunstancias, no hay medios, no hay nada. Estás tú con el toro y simplemente dejas fluir el alma. Cuando eso pasa, ocurren cosas importantes”.
Dice que sus metas están más allá de conseguir las puertas grandes de Madrid o Sevilla. No logra definir exactamente lo que quiere. Quiere algo diferente, que sorprenda mucho o que se valore con el paso del tiempo.
Reconoce que nada es fácil en la vida pero dice que siempre hay que tener algo que alimente el alma y tener una pequeña meta por conseguir. “Aguantar diez temporadas en lo alto, con la responsabilidad que eso conlleva, la competitividad, el momento que atraviesa la fiesta. Eso lleva a un punto en el que el corazón no da más porque si no seríamos extraterrestres pero para que a Iván Fandiño le llegue ese momento, falta mucho”.
Repite que no ha alcanzado nada, que le faltan muchas metas por cumplir que aún ve lejanas. Agradece el reconocimiento de la afición pero sabe que eso implica mayor exigencia porque esperan mucho de él.
Llega a La Macarena acompañado de esa responsabilidad pero decidido a disfrutar, pues a pesar de tener algunas molestias físicas, no hay dolor que supere sus ganas de seguir recorriendo paso a paso, ese camino en el que respaldo de quienes lo acompañan lo fortalece. Ese camino en el que así haya personas que lo acompañen, sólo su fuerza interior lo llevará a alcanzar sus metas.
  




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