“Yo tengo mis rarezas”
Después de ser uno de los
triunfadores de la pasada Feria de San Isidro, Sebastián Castella dice que
sigue soñando con ser figura del toreo. Es tímido pero a la vez muy simpático,
directo y muy concreto en sus apreciaciones.
Andrea López
Sebastián Castella es uno de los
consentidos de la afición en Colombia y esto lo hace sentirse muy bien en
nuestro país. Este año regresó después de haber realizado una temporada muy
importante en España y aunque reconoce que lo que ha logrado es muy valioso,
que es una recompensa a su esfuerzo, considera que todavía le faltan muchas
cosas por alcanzar y que no ha cambiado nada después de su triunfo en Madrid. “Soy
el mismo, ahí no hay nada que cambie, los toreros que dicen eso están echando
cuentos. Lo que ocurre es que uno cada año va mejorando y va madurando como
torero y como persona, creo que eso le pasa a todo el mundo. Cada uno tiene su
personalidad, su cualidades y sus defectos pero uno va mejorando siempre su
forma de interpretar el toreo”.
Hace mucho énfasis en lo duro que ha
trabajado para lograr sus metas y dice que le hace falta aprender mucho pero
que paso a paso todo se conseguirá. “Al principio me cogían mucho los toros
pero he trabajado mucho para aprender a manejar las distancias y ya he logrado
que me vean no solo como un torero de valor sino de profundidad, así quiero que
me vean pero eso lo tengo que demostrar en el ruedo”.
Una de las cosas en las que más le ha
tocado trabajar es en asumir la muerte del toro como parte de su profesión. “Me
gustaba ver las corridas de toros, el arte de torear, pero no me gustaba ver al
matador darle muerte al toro pero bueno mi profesión es ser matador de toros y
para rematar la faena tengo que matar al toro. No me gusta hacerlo pero se que
cuando se hace bien es mucho mejor para el toro. Ese es mi punto negro. He
perdido muchos trofeos este año en América por no matar bien los toros”.
José Antonio
Campuzano
No se puede hablar de este torero
francés sin mencionar a su maestro, el
matador do toros José Antonio Campuzano quien a estado siempre a su lado y
aunque él dice que su tiempo ya pasó, su tiempo continúa en la memoria de los
aficionados y en la evolución que ha tenido Sebastián Castella.
“Él significa mucho para mi. Como
profesional le debo todo porque es el que me ha enseñado, el que me corrige, el
que me ha ido puliendo como dice él. Y en lo personal igual, aunque tenemos
nuestros altibajos la verdad es que hay un cariño muy especial y espero que si
consigo ser figura del toreo y realizar mi sueños, sigamos juntos”.
Como todos los seres humanos,
Sebastián Castella tiene diferentes rasgos en su personalidad y esto le ha
valido que algunos lo tilden de mal humorado o creído pero seguramente
cambiarían esta percepción al ver como se iluminan sus ojos al hablar de su
hermana. “Mi hermanita tiene 16 años, es la niña de mis ojos y es la mujer que
más quiero”. Dice que todavía no hay otra mujer que le robe este cariño y
reconoce que su forma de ser es algo extraña pero igual habla con simpatía sobe
este tema. “Yo soy serio y tengo mis rarezas. Muchas veces no me gusta estar
con la gente y más cuando voy a torear porque yo salgo de la habitación y a lo
mejor no voy a volver porque voy a jugarme la vida así que yo llego a la plaza
y no tengo ganas de sonreír ni de darle abrazos a cualquiera porque esa es mi
forma de prepararme y de concentrarme, ya después soy una persona cualquiera”.
No le gusta hablar de estas cosas
pero finalmente nos contó que tiene como costumbre utilizar las escaleras,
mientras esté vestido de torero, y hace poco en México le dieron una habitación
en el piso veinticinco. Bajó por la escalera, durante la corrida el toro le
pegó tres volteretas y al llegar subió por las escaleras acompañado por su mozo
de espadas que es el único que lo sigue hasta el piso que sea.
Esta tarde bajará por la escalera con
la ilusión de triunfar, no saludará a nadie en el patio de caballos y si los
toros lo permiten desplegará su sentir en el ruedo y hará vibrar a la afición
antioqueña quien lo que espera es disfrutar de su toreo y poco le interesa
verlo sonreír.
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