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Guillermo Valencia. Cinco lances… su perdición.


 Lo conocimos hace  ocho  siendo novillero sin caballos. Era un niño y para muchos no deja de ser Guillermito Valencia, sin embargo, ha pasado el tiempo  y Guillermo Valencia debuta mañana sábado en La Macarena ya como matador de toros.
“Ha sido un camino bonito, duro, pero de mucho aprendizaje. Me ha servido para madurar tanto personal como profesionalmente. Ya son varios años tanto en España como en Francia con novilladas de encastes duros. Tres tardes en Madrid y mi alternativa el pasado 28 de diciembre en Cali con el maestro José Mari Manzanares, con Cayetano y los toros del Maestro Rincón”. Dos orejas que le permitieron salir a hombros mientras sus dos compañeros de cartel lo hicieron a pie, se convierten en la carta de presentación que seguramente le abrió las puertas de Medellín donde viene sustituyendo a Pepe Manrique.

Nació en Popayán el 23 de diciembre de 1994 entre capotes, muletas y trajes camperos. “Mi padre quiso ser torero así que yo lo acompañaba a todos esos sitios donde él toreaba. Iba con mi actual apoderado, Juan Carlos Polo, quien además de torear hacía empresa. Yo tenía un pequeño capote y una muleta así que como los veía limpiando los trastos, entrenando y demás, yo me montaba en mi película y hacía lo mismo que ellos”. Y claro, no faltó 31 de octubre en el que eligió vestirse de torero como disfraz.
En medio de esas correrías que hacía con su padre, un día estaban en un festejo y echaron una becerra pequeña para las mujeres. Aquella que le pegara tres lances se ganaría una botella de aguardiente pero ninguna tuvo valor para bajar. “Le dije a mi padre que yo quería hacerlo, me miró algo extrañado pero me dejó y logré pegarle cinco lances. ¡Ahí fue la perdición! Lo sentí como el logro más grande de mi vida”. Apenas tenía cinco años y a esa edad decidió tomarse en serio su profesión de torero. Ahora quien toreaba en los pueblos era él con su padre acompañándolo. Llegó a la Escuela de Cali como alumno aventajado por lo placeado que estaba. Ahí decidió llamar a Felipe Negret quien lo había visto un par de años atrás y le había prometido que cuando estuviera más grande lo pondría en Bogotá. Era el año 2009, el señor Negret cumplió su promesa y después de esa actuación se abrieron las puertas de muchas plazas tanto en Colombia como en Ecuador y Venezuela. Dice que fueron dos años de no parar así que era la hora de dar un paso más: España.

Habló con su mamá, le explicó que en Colombia no podría hacerse torero y ella le puso como condición terminar el bachillerato. Fueron tres intentos para conseguir la visa. Dudas, miedos, decepciones, hasta que lo logró. El 2 de febrero de 2012 aterrizó feliz en Barajas porque estaba cumpliendo un sueño pero con los días se dio el verdadero aterrizaje y estar lejos de casa no resultó tan fácil. Con diecisiete años de vida sus ganas de ser torero estuvieron por encima de su nostalgia.    

Acaba de tomar la alternativa y lo único que tiene claro es que torea este sábado en Medellín. De ahí en adelante su futuro es incierto pero lo afronta lleno de ilusión y confiado en que le esperan cosas buenas. Que la oportunidad sea con un solo toro le hace sentir más presión pero no ha parado de prepararse. Lleva todos estos días metido en el campo con la ilusión de que este reencuentro con Medellín sea mejor de lo que ha soñado.

Los toros serán de El Manzanal. Corrida mixta completamente criolla. Corrida a la que los que esperan tanto de los nuestros no pueden faltar. 

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