Ha pasado casi una semana desde que vimos a Urdiales en Bilbao y no soporto esta pelea entre la razón y el corazón así que aquí estoy, sorprendiendo a mi blog que no entiende qué hago por aquí en septiembre, y escribiendo para intentar descifrar lo que significó para mí lo ocurrido el sábado pasado.
Ya muchos han hablado de sus naturales, de su pureza y en resumen de la magia con la que nos cautivó a todos pero más allá de ese toreo de ensueño, me acompaña una y otra vez la imagen de un torero, convertido en niño, llorando sin parar después de haber toreado con el alma.
Cae el toro y qué mejor pañuelo que su muleta para secar esas primeras lágrimas. Abrazos, enhorabuenas y el hombre se va, se sienta en el estribo y ahí, solo, por fin pudo llorar como lo necesitaba. Sin ninguna vergüenza porque los hombres de verdad saben llorar, mientras un montón de almas unidas por su embrujo, lo acompañábamos en su llanto, imaginando cuantas cosas tenía en su cabeza en ese instante.
"La gloria" fueron sus primeras palabras a los micrófonos del Plus. Pero en medio de la gloria se alejó de todos los que lo abrazaban y ese momento en el que se sienta a llorar, solo, en medio del bullicio de quienes lo aclamaban, tal vez represente lo que solo él sabe. Solo él conoce cuanto sacrificio y cuanto silencio le ha costado lograr algo así. Solo él sabe cuantos malos momentos ha tenido que pasar y cuantas cosas ha tenido que escuchar sin protestar. También sabía que salir por esa puerta significaba que se habrían muchas otras, pero que si baja la guardia las cerrarán sin piedad.
Lo conocí en febrero y me quedé con la sensación de que Diego, el verdadero, más que un torero parecía un personaje de alguna película de Disney. Es dueño de una ternura que no se puede contar pero que conmueve y no permite creer que ese hombre es el mismo que has visto enfrentarse a Victorinos que se lo quieren comer. El sábado pasado, al terminar de torear, Urdiales no tuvo otra opción que permitirle a Diego llorar. Por la emoción, por la nostalgia, por miedo, por todo o por nada. Simplemente porque era lo que su cuerpo le pedía y así, vestido de torero, reconocimos al hombre detrás del traje.
En medio de este mundo lleno de sin sentidos, en ese pequeño mundo del toro en medio de la FIT, los "hombres G" y los tours, de repente aparece un hombre a recordarnos nuestra esencia. Para algunos, la pureza del toreo de Urdiales devuelve la esperanza. Para otros, no es ninguna sorpresa porque sabían lo que había. Sabían que lo de "Retrato de Pureza" no es solamente el título de un libro.
Lo de Urdiales en Bilbao es el inicio de la segunda parte de su libro. Un libro que intentará escribir de la mejor manera. A su manera. Con valor, con sus lágrimas conmovedoras y a la vez toreras y con su ternura única. Tan única como su toreo.
En medio de este mundo lleno de sin sentidos, en ese pequeño mundo del toro en medio de la FIT, los "hombres G" y los tours, de repente aparece un hombre a recordarnos nuestra esencia. Para algunos, la pureza del toreo de Urdiales devuelve la esperanza. Para otros, no es ninguna sorpresa porque sabían lo que había. Sabían que lo de "Retrato de Pureza" no es solamente el título de un libro.
Lo de Urdiales en Bilbao es el inicio de la segunda parte de su libro. Un libro que intentará escribir de la mejor manera. A su manera. Con valor, con sus lágrimas conmovedoras y a la vez toreras y con su ternura única. Tan única como su toreo.
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