Santa Bárbara, que traía toros de siete
sementales, ratificó su romance con Medellín presentando una corrida seria con
el trapío que ha marcado su sello de identidad.
Abrió la tarde Juan Bautista Jalabert con Chalán.
Un melocotón caribonito pero sin clase con el que el francés dictó una cátedra completa
de cómo torear lo que parece imposible. Faena imperdible para aquellos que
deben aprender que todos los toros tienen su lidia sabiendo encontrar las
distancias, los terrenos, los toques justos, en fin, una cantidad de detalles
que solo se aprenden toreando mucho. A base de oficio y de paciencia, de
repente estaba Jalabert en los medios robándole pases a Chalán que hasta
intentó humillar pero pronto recordaba sus malas costumbres. Saludó el francés
después de dejar claro que esta versión de Jalabert 2018 es para tener en
cuenta.
En el cuarto, un negro listón alto de agujas,
cortó una oreja después de una faena que parecía quedarse en nada pero en la
mitad de la misma se encontraron toro y torero y ahí llegó la profundidad. Con
naturales a media altura llegó el idilio que permitió que la afición terminara
rendida al magisterio del francés.
Han pasado las horas y si bien en la plaza podía
existir la duda de si la oreja era merecida o no, en la tranquilidad que
permite la soledad frente al computador llega la siguiente reflexión. Si hemos
visto entregar orejas por una estocada, cómo no la va a merecer aquel que deja
pinceladas propias de un caballero francés.
Venía Luis Miguel Castrillón de vivir una tarde
complicada el pasado domingo en Bogotá. También con los de Santa Bárbara, se
encontró con un toro imposible y luego con otro que tenía posibilidades que el
antioqueño no encontró. Esta tarde Luis Miguel no solo tenía que afrontar una
corrida más, sino superar esos fantasmas que lo perseguían. Salió Cocinero que
permitió una bonita faena de capa. No quiso saber del caballo pero acudía bien
a las telas y llegaron los derechazos eternos. Por el izquierdo no humillaba
tanto pero a media altura lo llevo despacito… muy despacito. Sonó la música,
Luis Miguel se entregó, el público estaba con él, todo estaba dado para
triunfar pero mató mal y detrás de la espada se fue la ilusión con la que esperábamos
verlo pasear al menos una oreja. La faena era imposible de olvidar y desde el
tercio recibió una cálida ovación de sus paisanos.
En el quinto las cosas empezaron bien. Una larga
de rodillas, bonita faena de capa ante el único que peleó en el caballo. Toro
codicioso, con genio que si, le pidió el carné. Y si, le falta tener más
corridas y olvidar los fantasmas para poder con toros como este pero que duros
somos con los nuestros y como desbordamos queridura
con los de fuera. Silencio para el de a pie y palmas en el arrastre para el del
Capitán Barbero.
Jesús Enrique Colombo también mostró dos facetas
en sus toros pero el venezolano tiene una fuerza y una convicción tales que le
permiten dejar atrás sus derrotas con facilidad. Es como un huracán que aunque
por momentos baja al nivel de tormenta, enloquece cualquier instrumento
meteorológico por la variación de sus vientos. Puede ser un temerario y
ejecutar el toreo fundamental en un instante. Ese es su sello y por ahora es
quien lleva la bandera de la verdadera revolución
bolivariana en la tauromaquia.
No hubo acople con el primero. Susto saliendo del
tercer par de banderillas, uno más con la muleta e Incognito, que era un listo,
pasaba sabiendo lo que dejaba atrás y las ganas de Colombo no fueron suficientes.
Silencio tras dos avisos y palmas para el toro.
Cerró la tarde Corredor que inicialmente parecía
que no iba a ser pero si fue. Muy pendientes sus compañeros en las banderillas
ante un toro que más que embestir lanzaba arreones. Emotivo tercio y ya el
público estaba con él. Inició su faena de muleta pegado a las tablas, doblones
hacia los medios, la faena se fue yendo arriba a medida que Corredor se iba
entregando. Se quedó en los medios y ahí llegaron los mejores muletazos. Todo
estaba hecho y el venezolano se encargó de encandilar a la galería. Bernadinas
apretadas para el cierre y dos orejas que le permitieron salir a hombros de La
Macarena.
Se fue rápido la tarde. Eso pasa cuando los toros
te mantienen fijo en el ruedo, atrapado como con alguna de esas series que no
puedes parar de ver así sean las cuatro de la mañana y la razón te invite a
dormir. Se llevó las dos orejas Colombo pero en la retina quedan los naturales
del caballero francés y la suavidad del toreo del antioqueño.
Andrea López
Tw – Ig: @Anlopezco
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