El cariño que siento por Cali no tengo como contarlo. Me encanta esa ciudad, me enamora su gente, tiene una energía única y deliciosa que me hace querer volver apenas saliendo a pesar de su calor infernal. Hace un par de años hablaba con el Maestro Rincón el día de la última corrida, acompañados de esa "nostalgia de último día" y a pesar de estar agobiados por el calor, coincidimos al decir que lo soportaríamos diez días más.
Dejando claro mi profundo amor por Cali, paso a expresar mi tristeza por lo que viví ayer (26 de diciembre, toros de Fuentelapeña).
Me pregunto cómo serían los dos toros que Ventura pidió cambiar "por respeto a la plaza" si lo que vimos era para plaza de tercera.
Centrémonos en lo simple. Compro una boleta en la fila 7 del tendido ocho. Realmente fueron cuatro. Lo mínimo que espero al entregarle ochocientos mil pesos a los empresarios caleños es que me permitan ver toros con trapío de plaza de primera. No hablo de gigantes de 600 kilos con pitones inmensos. Hablo de trapío, del conjunto de rasgos físicos. Del tamaño y la conformación de tronco, cabeza y cornamenta.
Cuando salió el primero de López Simón me imaginé al torero riéndose al ver "semejante zancudo". Todos cogen y pueden hacer daño pero estos toritos producían risa, cero sensación de peligro y luego mucha rabia.
Decir que eran escurridos de carnes es un piropo. Lo que vimos ayer fue una vergüenza pero eso fue lo que el ganadero quiso llevar, el veedor seleccionó, la Junta Técnica aprobó, los representantes de los toreros sortearon y el público no protestó.
Entonces aquellos a quienes nos enseñaron que las corridas se miran a través del toro tenemos la obligación de hablarle, sobre todo, al público. De recordarle que tiene derechos al pagar una boleta y que si no protesta ante semejante atropello, eso es lo que seguirán viendo y todos tan felices. O casi todos porque yo, que pude elegir hoy entre regresar a casa o irme a toros a Cali, elegí la primera opción pues no estoy dispuesta a prestarme para semejante cachondeo.
Muchas historias, muchos cambios en la administración pero todo se tira al traste cuando el resultado final es este. Si los Fuentelapeña pasaron todos los filtros que mencioné antes y llegaron a la plaza, quiere decir que a toda esa cadena poco le importa el aficionado y si este no se hace respetar está condenado.
Solo un apunte final ya que llevar toros con trapío a las plazas no está en mis manos. ¿Vamos a permitir que Sebastián Reyter se nos pierda como torero? Tiene afición, valor y ganas de sobra pero si no torea, es imposible que logre al menos vivir dignamente de su profesión. Cometió errores de principiante porque lo es. Le ganó la ansiedad porque cuando se tienen pocas oportunidades uno necesita dejar la piel en esos pocos momentos que tiene para demostrar que vale. No cualquiera se gana el respeto y la admiración de Madrid en una tarde y Sebastián tiene ese logro. Por eso creo que merece que alguien se fije en él, lo apodere y lleve su carrera con el profesionalismo y la seriedad que merece un torero como él.
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