Corto pero sentido
Aunque los de Achury nos invitaron a soñar con algo más, la
corrida de anoche no dejó ningún vacío.
Diego Ventura demostró que tiene una cuadra completa y poderosa.
Silencio en el primero y una oreja en su segundo, (cuarto bis). A
"Condeso" lo cambiaron porque... porque quisieron y ya, no hay que
darle más vueltas. Tres rejones de castigo exagerados pero "Alfarero"
aguantó, la plaza se emocionó y todos felices.
El antioqueño Sebastián Ritter se llevó el lote más complicado
del encierro. En el primero estuvo valiente aguantando las miradas de
"Cautivo". En el sexto, tal vez unos doblones al inicio de faena
hubieran permitido que el resultado final fuera diferente pero con apenas un
año de alternativa su toreo convence y permite confiar en que tenemos torero
para el futuro. Silencio en ambos.
Iván Fandiño se reencontraba con una plaza en la que lo quieren
y él se siente a gusto así que tras la salida de "Campesino" llegaron
unas verónicas eternas... tan bonitas que son imposibles de contar.
Con la muleta, toreo largo, templado y profundo. Un par de
naturales de ensueño y en esencia un toreo con el que le damos sentido a esta
fiesta. Un toreo con el que quisiéramos explicarle a quienes nos juzgan, por
que es que esto es arte pero jamás lo entenderán. Ellos se lo pierden...
Lo de Fandiño anoche no es para contar ni para verlo en video.
Había que vivirlo, sentirlo y permitirse vibrar con ese momento mágico en el
que toro y torero se encuentran, se enamoran, viven su romance con pasión y el
toro termina entregando su vida a ese ser con el que acaba de vivir un momento
único.
Estocada perfecta, toro sin puntilla y dos orejas para el de
Orduña.
Poco que contar en el quinto que se quedaba corto y nunca quiso
humillar. Con lo del segundo había sido suficiente.
Muy bien Chiricuto y Santana en banderillas, silencio para Fandiño
y todos salimos a hablar de su faena, tal vez para ratificar que lo que vivimos
fue real.
La celebración duró poco porque la magia se acaba a media noche.
Así tenía que ser. Sin las prisas de la Cenicienta, nos fuimos a dormir
arrullados por el recuerdo de ese toreo eterno que jamás morirá.
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